No escribo para imponer mi voz, escribo para encontrar la voz de mis clientes.

Porque si escribo para alguien, el texto no tiene que sonar a mí.

Tiene que sonar a él.

A su negocio. A su manera de comunicar. A eso que lo hace diferente y para lo que aún no ha encontrado la forma de contarlo.

Mi tarea no consiste en dejar mi firma en los textos.

Mi trabajo consiste en conocer suficiente a mi cliente para que, cuando lea lo que escribo por él, piense: “Esto es exactamente lo que quería comunicar y cómo quería decirlo.”

Aunque hasta ese momento él no supiera cómo.

Es curioso, pero esta forma de trabajar tiene mucho que ver con algo que me acompaña desde niño.

El poder de las palabras.

Siempre he dado mucha importancia a las palabras y a cómo utilizarlas.

Desde pequeño, escribir siempre ha sido el medio con el que mejor he fluido para comunicarme.

Me chifla escribir.

Buscar una frase. Darle una vuelta. Cambiar una palabra porque no termina de encajar. Reflexionarla. Volverla a cambiar…

… o recuperar la primera.

¿Una forma cojonuda de perder el tiempo?

Según para quién, sí.

Desde luego para mí NO.

Para mí es el modo de hacer puntería con la frase capaz de transmitir exactamente lo que quiero yo y lo que necesita mi cliente. Ahora bien, depende… ¿De qué? De si eres mi contable o mi cliente.


Sigo.

He creado multitud de textos.

Titulares.

Cartas.

Presupuestos.

Eslóganes.

Y alguna cosa que seguramente merecía quedarse en el cajón.

En este punto, déjame que te cuente algo muy mío.

En 2006 monté una academia de baile.

Y creé este eslogan:

«No solo mires quién baila.
Sé tú el protagonista.»

¿Era una fórmula de copywriting?

jajaja, ¡Qué va!

Y si lo era, no tenía ni idea.

Por aquellas fechas ni siquiera sabía que se utilizaban términos como conversión, engagement, métricas, ni otros palabros raros que usan para explicar de forma complicada lo que es fácil de decir.

Solo tenía la obsesión de COMUNICAR ese eslogan con precisión para que quien lo leyera se olvidara de mirar fuera y sintiera ganas locas de empezar a bailar.

El mensaje funcionó como un tiro.

La academia también.

Copywriting.

Simplemente, siempre he escrito con la intención de que mis palabras fueran capaces de despertar alguna emoción. Y alguna vez para remover conciencias.

Con los años me enteré que aquello que llevaba tiempo praticando se llamaba copywriting.

Y yo sin saberlo.

¿Y qué?

Seguí escribiendo.

Publicaciones en redes sociales, reflexiones en listas de correo, textos para páginas web y webinars… ayudar a alguien, provocar una emoción. O hacer ver algo desde otra perspectiva.

Hoy escribo para negocios y marcas.

Es evidente que he evolucionado y que ahora doy más rápido en el clavo, pero una cosa te digo… mi esencia está intacta:

Pregunto mucho.

Escucho más.

Investigo.

Escribo.

Borro.

Y sí, puedo quedarme mirando un titular más tiempo del que probablemente recomendaría cualquier profesional de la salud mental. Porque, para mí, los detalles importan:

Una palabra puede cambiar el sentido de toda una frase.

Una frase, la una percepción de todo un mensaje.

Y una percepción, puede cambiar totalmente lo que alguien sienta por tu marca.

A eso le llamo copywriting artesanal.

Y no, el significado que le doy a trabajar artesanalmente NO tiene que ver con escribir semidesnudo en una cabaña alimentándome de bayas mientras espero la llegada de las musas.

A ver… tengo calefacción, internet y hasta facturas.

Tampoco significa aburrido, lento, bohemio ni que acepte gallinas como forma de pago.

Para mí se trata de desarrollar con atención, criterio, implicación y compromiso cada proyecto… algo que, por cierto, no se puede fabricar en serie.

Significa encontrar la manera de contar lo que vale la pena de cada negocio para que, detrás de las palabras, se reconozca la identidad de la marca.

Así que, en esta frase te resumo qué es para mí el trabajo de copywriter artesanal:

No escribo para imponer mi voz, escribo para encontrar la tuya.

PD: No trabajo con cualquiera y tampoco con demasiados.

PD2: Selecciono los proyectos en los que sumergirme, y si no encuentro suficientes motivos por los que implicarme de verdad, no doy ni una patada.
Por cierto, el bagaje de un artesano no va de hacer unas cuantas obras y ya. Así que, si quieres ver de cerca las ideas que propongo para que las empresas ganen más y refuercen su identidad…